p r i n -
I d ^ e s t o q u e
el a r t e e r a
una e xpe r i enc i a de –
f i n i t i v a m e n t e v i v i –
d a , era u n a a v e n t u –
ra, c o m o p u d o ha –
be r l a v i v i d o , d e n –
t r o de la l i t e r a t u r a ,
u n H e m i n g w a y ,
q u e lo que e s c r i b i ó
f u e a l go p r i me r o v i –
v i d o . De m a n e r a
q u e en mí , la s e x u a –
l i dad ha s i d o u n a
e x p e r i e n c i a d e f i n i –
t i v a m e n t e v i v i d a ,
i n t e n s ame n t e v i v i –
d a ; y s ó l o c u a n d o
h a s i d o i n t e n s a –
me n t e v i v i d a pue –
de hab l a r se de ella,
d e l o c o n t r a r i o ,
q u e d a r í a t a n s ó l o
e x p r e s a d a a t r a v é s
de l os d i b u j o s .
dero amor, poseyéndolas, porque posiblemente en su reali–
dad le es imposible llegar a eso ¿ no? Balthus, que es un hom–
bre extraño, de una inteligencia extraordinaria (tiene actual–
mente más de 7 0 años, no asistió a la apertura de su exposi–
ción en el Museo Me t r opo l i t ano de Nueva York), mira a las
niñas, según me dicen gentes que lo conocen ; pero en el vie–
jo Balthus hay una especie de enorme timidez para poder
acometer a sus modelos, a sus ninfetas que t an t o adora, y
que han sido su t ema único desde que Balthus era j oven .
Viendo de pronto una f o t o de Balthus, pudimos darnos
cuenta que podía haber mu c ho de fantasía: Balthus, retra–
t ado con sus tres diferentes esposas que t u v o , que eran tres
especies de cacatúas, verdaderamente espantosas, que na–
da tenían que ver c o n las... con esas ninfetas que él pinta.
Quiero decir, que efectivamente c omo usted dice,
en un arte con una carga erótica, puede estar mu c ho la fanta–
sía del pintor, puede estar lo no realizado. Pero yo dije al prin–
cipio de ésto que para mí el arte era una experiencia definiti–
vamente vivida, era una aventura, c omo pudo haberla vivi–
do, dentro de la literatura, un Hem i ngwa y , que lo que escri–
bió fue algo primero vivido. De manera que en mí, la sexuali–
dad ha sido una experiencia definitivamente vivida, intensa–
mente vivida; sólo cuando ha sido intensamente vivida pue–
de hablarse de ella, de lo contrario quedaría t an solo expresa–
da a través de los dibujos. Pero si se habla, precisamente, se
habla sin el más mí n i mo pudor o temor, no mu c ho menos;
entonces e s c uando r ea l men t ee s una experiencia importan–
te, y una experiencia vivida lo que se dibuja. Hablaba yo de la
libreta de apuntes al lado de la cama , entre la amante y uno;
qué más y qué mejor imagen para reflejar una cosa de expe–
riencia vivida y no de experiencia... y no c omo una expresión
de una frustración, ni mu c ho menos.
El aspecto de las mujeres, que ha sido una cosa ya
tratada en muchas otras entrevistas, puede también tratar–
se aquí ligeramente. Y decir que en mí ha sido de una enorme
importancia el descubrimiento con las mujeres, el hablar con