D i ce : YOando po r
las c a l l e s , por t o –
d o s l ados , por M a –
d r i d , por t o d o , y o
v e o u n p e r s o n a j e
que pa r e c e p i n t a d o
por tí y lo f i r mo , pe–
g á n d o l e . . . " De a l –
g u n a f o r m a , v e r –
d a d , la v i da de Gr e –
c o , la v i d a a r t í s t i c a
de G r e c o era c am i –
na r , b u s c a r a q u e –
llos pe r sona j es q u e
le r e c o r d a r a n m i s
ob r a s , y e n t o n c e s
f i r ma r l o s .
Y yo creo que eso es la gran experiencia, y por eso re–
sulta tan excitante, tan extraordinaria, precisamente, la
obra de los artistas de este siglo XX . Los surrealistas, de al–
guna f o rma , nos presentan también sus sueños, y nos pre–
sentan los sueños de ellos o los sueños de nosotros también
¿no? Y de alguna f o rma , la vida toda, ¿verdad?, es c on t em–
plada ya c omo una especie de obra de arte.
Había un pintor muy curioso —que se suicidó—, ami–
go mío en la Argentina, hace muchos años, que se llamaba
Alberto Greco. Alberto Greco, que era un pintor de vanguar–
dia, muy avanzado, un tipo sumamen t e extraño que decía
que él era... Entre las cosas extrañas, él decía: " Y o era su–
mamen t e guapo en una época de mi vida, pero entonces las
mujeres me seguían, me perseguían, y eso me quitaba tiem–
po para pintar. Me dediqué a sobrealimentarme, a engordar–
me, a hacerme horrible, y ahora soy horrendo y puedo estar
encerrado, p i n t a n d o " , decía, decía eso Greco.
Entonces, él era un pintor abstracto, más que nada
dentro del informalismo de Tapies y t odo , que era la moda de
Argentina en esa época, estamos en el año 1 9 5 9 . Un día me
lo encuentro en Madrid, me dice: " O y e , José Luis, fíjate que
ahora he cambiado, mi influencia ya no es Tapies, ahora ten–
go influencia t u y a " . Le digo: "¿Estás dibujando?, quiero ver
tus dibujos, tus pinturas, lo que s e a " . " N o , yo no dibujo ni
p i n t o " . " En t o n c e s , ¿cómo tienes influencia m í a ? " . " M i r a "
(traía unos papelitos, un mo n t ó n , con su firma impresa, pa-
pelitos engomados) Dice: " Y o a n d o p o r las calles, por todos
lados, por Madrid, por t odo , yo veo un personaje que parece
pintado por tí y lo firmo, pegándo l e . . . " De alguna f o rma , ver–
dad, la vida de Greco, la vida artística de Greco era caminar,
buscar aquellos personajes que le recordaran mis obras, y
entonces firmarlos.
El mi smo ya había hecho cosas notables cuando te–
nía influencia de Tapies. En la casa del embajador inglés, en
Buenos Aires, por ejemplo, había llegado, tenían oculto un
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