E f e c t i v a m e n t e , le
ho r r o r i z a a u s t e d l o
que y o h a g o , l o s d i -
b u j o s , en la m i s m a
ma n e r a q u e me ho –
r r o r i z a a mí ; p e r o
s u p o n g o q u e má s
h o r r i p i l a n t e d e b e
de r e s u l t a r v e r la
r ea l i dad .
go esqu i t a rme los anteojos, y quedo comp l e t amen t e desco–
nectado con las obras que se están exponiendo, no las veo.
Cuando llego a una casa donde hay obras mías expuestas, sí
me fijo, sobre t o d o en los marcos, y es algo que me llena de
satisfacción, porque de pronto esas obras han sido enmar–
cadas por unos marcos verdaderamente sensacionales, con
marcos antiguos, y cosas de ésas, ¿no?
Pero efectivamente, si usted se aterroriza definiti–
vamen t e frente a mi obra, es para mí una honda satisfacción,
compa r t e c onm i go ese horror. Sin embargo, creo que la rea–
lidad misma es todavía más terrible, es más espantosa que lo
que y o pueda dibujar, definitivamente, Si yo no fuera un di–
bujante del horror, tendría que andar siempre con unos an–
teojos ahumados para no ver la realidad terrible, ¿ no? Pero
soy c omo una especie condenada, ¿verdad?, mi destino me
ha llevado a ser un intérprete de todos los horrores huma–
nos, y eso me obliga a fijarme en las cosas y a fijarme en la
gente y a usar, por consiguiente, anteojos altamente gra–
duados, ¿me entiende? Efectivamente, le horroriza a usted
lo que y o hago, los dibujos, en la misma manera que me ho–
rrorizan a mí; pero supongo que más horripilante debe de re–
sultar ver la realidad. Me gustaría que usted me dijera qué tal
le horroriza la realidad, ¿o la encuentra mu y padre?
— No , me h o r r o r i z a t a n t o o m á s q u e a u s t e d , ma s q u e
sus d i b u j o s .
V
erdad?
Podría iniciar varias p r e g u n t a s así... No sé,
parece q u e u s t ed es t á t amb i é n . . . Ya en este
m o m e n t o la m i sma inercia de lo q u e ha he–
cho, de su t r aba j o , l o e s t á l l e v ando a ub i c a r l o
para los n u e v o s p i n t o r e s , para la nue v a g e n –
te c omo (lo q u e u s t ed decía) u n a vaca sag r a -
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