década de los 5 0 , ¿no? El prostíbulo c o n todos estos ele–
men t os de misterio que podían haberlo tenido. No el...
este... la idea de la callgirl, que me parece verdaderamente
siniestra, sino el prostíbulo. El prostíbulo que puede descri–
bir Federico Gamboa en su libro
Santa,
¿verdad?, y que des–
pués reproduce también en la primera versión de
Santa,
de
1 9 3 1 , o la espléndida versión que dirigió No rman Foster,
con Esther Fernández en el papel de Santa, Ricardo Montal-
bán en el papel del torero y José Cibrián en el papel del ciego.
De a l g u n a f o r m a ,
t a mb i é n e s t o y r i n –
d i e n d o h ome n a j e a
g e n t e pa r a mí t a n
a d m i r a d a
c o m o
p u e d e se r M e c h e
Ba r ba , Rosa Ca rm i –
na , Ma r í a A n t o n i e -
t a Pons , N i ñ ó n Se–
v i l l a . . . A s í es que
sí, d e f i n i t i v ame n t e
sí hay m u c h o de l
a r t e popu l a r .
De mane r aque t odo s estos elementos populares del
cine, ¿verdad?, del cine de cabareteras, incluso esa inclina–
ción mía hacia el cabaret, la inclinación mía hacia las prosti–
tutas y t odo , pues sí viene del barrio popular en el que yo vi–
vía, enei que viví los primeros años, pero también viene defi–
nitivamente de esas películas mías de la infancia, que eran
las películas de cabaret. De alguna f o rma , también estoy rin–
diendo homenaje a gente para mí tan admirada como puede
ser (VIeche Barba, Rosa Carmina, María An t on i e t a Pons, Ni–
ñón Sevilla... Así es que sí, definitivamente sí hay mu c ho del
arte popular.
Hab í a do s p r e g u n t a s más, acerca del m i e d o a
los jóvenes...
ueno...
Sí,
efectivamente, existe en Méx i co siempre
ese peligro, ¿verdad? Cuando una gente empieza a enveje–
cer, empieza a cumplir años, ¿no?. De alguna f o rma empie–
zan los homenajes, empiezan los reconocimientos, y empie–
za la persona, de alguna f o rma , a hacerse intocable; eso es
algo c omo . . . que no se puede evitar, definitivamente.
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