sen а parar naturalmente hacia la forma de gobierno a
la que estaban todos acostumbrados desde su infancia,
y que habían encontrado por experiencia que era lleva–
dera y segura. Agreguemos a ello que la monarquía es
una forma de gobierno sencilla y que se ofrece espon–
táneamente a los hombres, cuando la experiencia no los
ha instruido en las formas de gobierno, ni la ambición
ni la insolencia del mando les han enseñado a preca–
verse contra las intromisiones de prerrogativas y los
inconvenientes del poder absoluto, que la monarquía ,
hereditaria tendría tendencia a reclamar y a imponer–
les. No es, pues, en modo alguno de extrañarse que
esos hombres primitivos no se molestasen en idear mé–
todos para reprimir cualquiera de esas exageraciones
de los hombres a quienes habían entregado la autori–
dad sobre ellos, ni de equilibrar el poder de los gobier–
nos dividiéndolo en varias ramas y colocándolas en
distintas manos. Aquellos hombres no sintieron la
opresión del poder tiránico; tampoco las costumbres ,
de la época, los bienes que poseían o la manera de
vivir, al dejar escaso margen para las apetencias y la
ambición, daban motivo alguno para recelar y tomar ,
medidas en contra de ese poder. No es, pues, de ex–
trañar que adoptasen una forma de gobierno que,
según he dicho, les resultaba tan espontánea y sencilla,
siendo además la más apropiada para su estado y si–
tuación en aquel entonces, porque su mayor necesidad
consistía en defenderse contra las invasiones extranje–
ras y los atropellos, más que en una multiplicidad de
leyes; los bienes que poseían eran muy escasos, y no
se necesitaban muchos gobernantes y funcionarios para
dirigjr y cuidar de la ejecución de las mismas, puesto •
que los culpables y atropelladores eran escasos. Es de
suponer que los hombres que sentían mutuamente una
simpatía como para retmirse en una sociedad, tendrían
ya algún trato y amistad entre ellos, y confiarían los
irnos en los otros. Ciertamente que recelarían más de
los extraños que de ellos mismos entre sí. y, por con–
siguiente, su primera preocupación y pensamiento debe
suponerse que fue idear el modo de salvaguardarse
contra ta fuerza de los extraños. Era natural que adopi-
tasen la forma de gobierno más indicada para semejante
finalidad, y que eligiesen al más sabio y at más valeroso
para que fuese su jefe en sus guerras y los guiase contra
sus enemigos, consistiendo principalmente en eso su
tarea de gobernante.
§ 108. Por eso vemos que en América, que sigue sien–
do todavía un modelo de lo que fueron ias épocas pri–
mitivas en Asia y en Europa, cuando los habitantes
eran muy escasos para la extensión de esos países, y la
escasez de habitantes y de dinero no tentaba a los hom–
bres a agrandar sus posesiones de tierra ni a luchar por
una extensión mayor de sus fincas, vemos, digo, que los
reyes de los indios son muy poco más que generales de
sus ejércitos; y, a pesar de que tienen un poder abso–
luto en la guerra, ejercen muy escaso mando en et pro–
pio país en tiempos de paz; su soberanía es entonces
muy moderada, las decisiones sobre la paz y la guerra
recaen de ordinario en el pueblo o en un consejo, aun–
que la guerra misma, que no admite pluralidades de
gobernantes, lleva naturalmente a colocar el mando en
la única autoridad dei rey.
§ 109. En Israel mismo, et negocio principal de sus
jueces y de sus primeros reyes parece haber consistido
en ser capitanes y jefes de sus ejércitos en tiempo de
guerra. Eso se ve con toda claridad en ta historia de
Jefté (además de to que se nos da a entender con ta
frase "salir y entrar delante del pueblo", que no era
otra cosa que salir para la guerra y regresar de nuevo
a casa a ta cabeza de sus fuerzas militares). Cuando los
amonitas hacían la guerra a Israel, las gentes de Gataad,
asustadas, enviaron una diputación a Jeíté, un bastardo
al que habían arrojado de su familia y convinieron con
él en que, si les ayudaba contra los amonitas, lo reco–
nocerían por jefe suyo, Y eso lo hicieron con estas pa–
labras: " Y el pueblo lo estableció como jefe y general
suyo"
(¡ueces,
XI, 11), Eso equivalía, según parece, a
las funciones de juez, " Y él juzgó a Israel"
{Jueces,
1...,156,157,158,159,160,161,162,163,164,165 167,168,169,170,171,172,173,174,175,176,...271